Todo comenzó con "Estoy empiladaza ¿vamos a bailar?".
Aquellas palabras también me empilaron. Acabábamos de reunirnos con una gran amiga en un barcito miraflorino y era evidente que el vino se nos subió muy pronto. La animamos, pero era tarde para ella, eran casi las 10 y tenía que regresar a su casa. En realidad yo también tenía que regresar a la mía, pero era una de esas noches en las que deseabas seguir la premisa: Después del gusto, viene el disgusto. Y así fue. Después vino la gritada del siglo (# no me acuerdo), pero eso no fue lo importante aquel día.
Aquellas palabras también me empilaron. Acabábamos de reunirnos con una gran amiga en un barcito miraflorino y era evidente que el vino se nos subió muy pronto. La animamos, pero era tarde para ella, eran casi las 10 y tenía que regresar a su casa. En realidad yo también tenía que regresar a la mía, pero era una de esas noches en las que deseabas seguir la premisa: Después del gusto, viene el disgusto. Y así fue. Después vino la gritada del siglo (# no me acuerdo), pero eso no fue lo importante aquel día.
¿Propuestas? Estábamos en Miraflores así que no había por qué alejarnos tanto.
"Cin, vamos al Vale!"
Yo dije: "¿Y si vamos al Downtown?"
"Sanaza, es el mismo local: Downtown - Vale Todo" (Risas)
Yo no dije más nada.
Qué se podía esperar de una completa ignorante en el tema de discotecas de ambiente. Nunca es tarde para aprender así que seguimos nuestro camino al desmadre. Según Hope, el Vale a esas horas (casi las 11 de la noche), seguramente estaría repleto, era viernes por eso mejor buscamos algo más caleta.
Cerca, a sólo 5 cuadras del parque Kennedy encontramos el lugar perfecto. Una disco Sólo para Chicas. Admito que sentí emoción de conocer al fín el ambiente de mi Hope querida.
Hace un año, me confesó que era lesbiana y nuestra amistad pasó de ser una más a algo único y especial. Con ella compartí algunos de los episodios más momerables de mi vida. Siempre juntas, fugábamos a su casa, escuchábamos música (nunca cumbia, Hope detesta la cumbia), fumábamos algunos puchitos y porritos (okay, varios), conocí a sus amigas más cercanas y compartíamos tardes eternas.
A pesar de todas las reunas nunca me había llevado a una disco, por eso estábamos emocionadísimas y ella doblemente emocionada porque era muy probable que se encontrara con viejas amistades.
Hace un año, me confesó que era lesbiana y nuestra amistad pasó de ser una más a algo único y especial. Con ella compartí algunos de los episodios más momerables de mi vida. Siempre juntas, fugábamos a su casa, escuchábamos música (nunca cumbia, Hope detesta la cumbia), fumábamos algunos puchitos y porritos (okay, varios), conocí a sus amigas más cercanas y compartíamos tardes eternas.
A pesar de todas las reunas nunca me había llevado a una disco, por eso estábamos emocionadísimas y ella doblemente emocionada porque era muy probable que se encontrara con viejas amistades.
Ingresamos al Less For Less (Leggend) y como era de esperarse había muchas chicas. Confieso que miré alrededor buscando chicos y los encontré, pero todos gays. Guardamos nuestros bolsos y nos preparamos para el baile. Pedimos dos tragos y en tan sólo algunos minutos Hope se encontró con amigas conocidas, agarres anteriores, cueros deseados, diosas inalcanzables y la ex de la ex, pero claro, la puse en onda, porque esa noche ella venía conmigo, éramos pareja, y estaba prohibido coquetear con alguien, sólo por esa noche.
Ella se sentía en el paraíso, aunque había peleado con su enamorada y yo deseaba olvidar los líos con mi adorado tormento, y como dicta nuestro querido Salmón: "A lo mejor resulta mejor así", decidimos olvidar las penas y celebrar la amistad.
Horas antes habíamos llamamo a La Loca quién llegó con otra amiga más, una amiga que ya no es bienvenida porque no se necesita ser heterosexual para ser cagón. En fin, esa noche toneamos desde que pisamos la pista de baile. Con trago y chela en mano, la gente fue llegando y cada vez había menos espacio. Bailé con Hope, bailé con La Loca, bailé con la otra tipa, bailé sola, bailé en grupo, bailé, bailé y bailé. ¿Y qué baile? De todo. Fue una noche sensacional. Hope estaba en su ambiente, recontra ambiente. Un ambiente de libertad, la libertad de bailar como quieras sin que nadie te vea raro, la libertad de las parejas less besándose sin que nadie ponga cara de autogol, sin que nadie mire con asco o morbo, sin que nadie diga nada, era la libertad de ser quién eres. Porque siendo francos, esa libertad se restringía afuera, fuera de las paredes del Leggend, en donde todos tenían que guardar compostura y ser moderados.
Pero estábamos adentro y el escándalo estaba permitido. Justo detrás mío estaba una parejita de niñas (niñas por lo jovencitas que eran) una de ellas me jaló y me metió en su grupo de baile, imagino que a esas alturas de la noche yo también me sentía parte de ese mundo porque no me importó en lo absoluto confundirme entre los abrazos del momento. Entonces, escuché la entrada de una de las canciones más conocidas de Erasure, pero que en ese momento, se cantó como si se tratara de un himno:
That you give me no
That you give me no
That you give me no
That you give me no
Soul, I hear you calling
Oh baby please...
Give a little respect to me...
That you give me no
That you give me no
That you give me no
Soul, I hear you calling
Oh baby please...
Give a little respect to me...
Y no debería ser sólo un poco, sino demasiado, porque no le hacen daño a nadie. Es cierto que existe cada caso escandaloso de locas mariquitas que se le avientan a cualquier tipo que ven o las machonas recontra brothers que no les importa incomodar a las que no somos less, pero también están las otras: las prudentes, profesionales exitosas, excelentes amigas incondicionales, que aman y lo dan todo, que se enamoran y lloran por ello, las que se informan y tienen bien claro qué son, qué quieren, a dónde van, las que se aceptan y buscan que los demás también las acepten, pero nunca con imposición sino con tolerancia y respeto. Con orgullo digo que tengo a una de las mejores conmigo, jamás me ha insinuado convertirme o probar, derrepente ese es el miedo que tienen las mujeres homofóbicas. Erróneamente creen que tener una amiga lesbiana es sinónimo de un futuro gileo y no es siempre así.
Durante toda la noche, Hope preguntaba:
¿Está todo bien?
¿Qué te parece?
¿Te sientes incómoda?
Cuando quieras nos vamos, etc
Para nada, Hope, esto fue espectacular, no me había divertido tanto en mucho tiempo...
Esa noche me contagié de libertad, estaba con mi amiga adorada y en su onda, en fín, que fuera lesbiana nunca me importó. ¿Por qué habría de importarme? Yo soy hetero y eso a ella nunca le molestó.

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